Edificio del Ateneo de La Calzada - Sede del Club

Como muchos otros clubes el nuestro se fraguó en un bar, en los lejanos 90. El bar en cuestión se llamaba el Celorio y estaba (actualmente es una sidrería) ubicado en la calle Daniel Cerra en nuestro barrio, La Calzada. En años anteriores tenían en él su sede un grupo de ajedrecistas, de los cuales daba fe de su existencia una vitrina colgada de la pared con un ornamento alusivo al ajedrez en la parte superior, tallada en madera por uno de los jugadores. Había unos tableros, piezas y dos o tres relojes que nunca fuimos capaces de conseguir su préstamo, pues siempre nos decían que no se sabía quien era el dueño y no podían dejárnoslos. Allí nos reuníamos a la hora del café a echar la “partidina” y competir con los de las cartas a ver quién daba más voces, pues las disputas eran arduas cuando ambos jugadores cogían la misma pieza sin intención de soltarla ¡que no la solté todavía! ¡Que si, déjala ahí! Situación que se podía dar con cualquiera de los que allí parábamos, Eliseo, institución en el barrio y el jugador a batir, o José Luis “el gochucu” apodo conseguido porque si te echabas atrás en una jugada siempre decía: “ no me hagas gochades eh¡” y el que luego se haría llamar El más Grande de la Zona, ¡Manzano¡ la leyenda viva de nuestro club y autor del “Alarido de la Torre”, el libro más famoso jamás editado, pero en boca de todo el mundillo del ajedrez. No quiero olvidar tampoco a Juanín “el de los ordenadores” o a Julián poco amigo de las bromas; también venía Campos, Luis Angel, o José Manuel que de vez en cuando hacía su aparición y que hoy tristemente ya no se encuentra entre nosotros, además del que suscribe (Ramón) el de la piscina. En fin, fueron buenos tiempos (aunque no mejores). Llegó un día en el que nos planteamos buscar un sitio mas apropiado, ya que los de las cartas nos ganaban por goleada en las voces, que fácilmente se tornaban en gritos infrahumanos. Por aquel entonces estaba en sus albores el Ateneo de la Calzada y sabíamos que en una de sus dependencias se daban clases de Ajedrez y después de comentarlo entre nosotros decidimos acercarnos para hablar con el responsable y hacerle una propuesta: ¡Compartir el Local¡, considerábamos que al ser la misma actividad y no coincidiendo en los horarios, no solamente era posible si no que tendría más sentido su uso y se reforzaría la actividad, Julián y yo fuimos los encargados de hablar con dicho señor (que no nombro por razones éticas), no hubo entendimiento ya que el mismo, se negó en redondo. Por supuesto no quedamos conformes y nos presentamos en el Ayuntamiento, solicitamos audiencia con el concejal de deportes que por aquel entonces era Daniel Gutiérrez Granda hoy Director General de Deportes del Principado; el resultado de aquella reunión, fue que se nos concedió el local y nuestro Club se hizo realidad siendo nuestra sede una de las mas elogiadas de la Región. Fuimos el primer club que completó todas las plazas de equipos: una en preferente, dos en primera y cuatro en segunda, llegamos a ser noventa y ocho socios, también fuimos pioneros en la creación de una Escuela de Ajedrez. Aunque en la actualidad han descendido estos logros, se están sentando las bases para que a medio y largo plazo, no solamente consigamos los mismos resultados, sino que además los superemos.